Milena Gallipoli

La victoria de las copias. Calcos y canon entre el Louvre y América (1863-1945)

Ampersand, 2025, 264 páginas, ISBN 978-631-6558-35-0

Luis Gómez MataUniversidad Nacional Autónoma, México

Compartir

> autores

Luis Gómez Mata

orcid logo 0009-0001-2077-3102

Icono Correo electrónico, sobre, mail, mensaje en User Interface luisgomezmata@yahoo.com

Candidato a doctor y maestro en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México. Su línea de investigación se enfoca en la escultura y en la cultura visual del siglo XIX en México. En conjunto con sus estudios doctorales, se desempeña como curador en el Museo Nacional de San Carlos. Ha participado en coloquios nacionales e internacionales y se ha dedicado a tareas de docencia, investigación, escritura, traducción y edición para curadurías como "Metamorfosis de la escultura" (MNSC, 2025) y "El beso de la muerte" (MNSC, 2025) y publicaciones como “El pintor escenógrafo: revalorización de una figura artística del siglo XIX” (FA, UNAM, 2021) y “Tras los pasos de los Hermanos Tangassi: artistas-empresarios en México” (Aracne editrice, 2021).





Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

> como citar este artículo

Luis Gómez Mata, “Milena Gallipoli, La victoria de las copias. Calcos y canon entre el Louvre y América (1863-1945) (Ampersand, 2025, 264 páginas, ISBN 978-631-6558-35-0)”, caiana. Revista de Historia del Arte y Cultura Visual del Centro Argentino de Investigadores de Arte (CAIA), n° 28 (segundo semestre 2026): 121-124

La victoria de las copias es testimonio vivo y material de la conversión de una investigación doctoral en un novedoso libro que revitaliza un tema-problema poco tratado en la historia del arte latinoamericano: el de la fortuna crítica de los calcos decimonónicos. Las manos y la mente de Milena Gallipoli son responsables de “moldear” dicha indagación, la cual nació a partir de una conexión genuina (o casi un don) que acerca a una persona con la escultura del siglo XIX. El libro fue publicado en 2025, por la casa editorial porteña Ampersand, y es parte de la colección “Fuera de serie”. Más allá de que uno de los giros principales de la editorial no sea precisamente la historia del arte, no es casual que los editores se tomen la licencia de abrir nuevas puertas a un tópico de esta disciplina y lo publiquen en la serie que busca ampliar el potencial de exploración con rarezas y temáticas creativas. Tal es el caso del libro de Gallipoli: una obra que haciendo homenaje a su colección de inscripción, es completamente fuera de serie y sus virtudes merecen ser reseñadas.

En discursos tradicionales que nos han acostumbrado a las ideas de las obras maestras e irrepetibles, o a las figuras de grandes artistas genios, se torna difícil pensar que las copias puedan ser entendidas como el tema protagónico de todo un libro. Asuntos como la serialidad de las esculturas, la ausencia de firmas, la condición mercantil o el yeso considerado como un material poco noble, han hecho que los calcos sean leídos desde perspectivas simplistas que los reducen a una idea que los distancia de las obras “originales”. Y cito esa palabra entre comillas, pues el libro invita a re-pensar en el debate acerca de la aparente originalidad de las obras artísticas. El argumento de la autora logra dar un vuelco a la narración que normalmente se cuenta sobre los calcos. Escrito de una manera muy ágil y amena, pero sin deslindarse de un rigor académico, el texto condensa preguntas y abordajes acerca del nacimiento del canon y el porqué de la fama de algunas obras escultóricas.

Con un justo número de páginas, el formato de fácil portabilidad del libro, su ligereza en densidad y volumen, sumado a una prosa fluida acompañada de imágenes rescatadas, valoradas y obtenidas de archivos, catálogos y hemerotecas, hacen de este libro un texto ejemplar para diferentes lectores. Desde aquellos que están interesados en profundizar a través de una lectura especializada en un tema escultórico, hasta quienes desde la curiosidad se acercan a la contraportada de este artefacto en una librería o a una reseña en redes sociales del mismo y se animan a adquirirlo pues se formulan la pregunta de cómo una imagen tridimensional se torna tan icónica y famosa. Para lograr su cometido, la autora se vale de un ejemplo que funciona como eje conductor y explicativo de su relato: la Victoria de Samotracia (VS).

La célebre y ampliamente conocida escultura helenística está hecha de mármol y fue hallada en una excavación arqueológica en la isla de Samotracia, en la segunda mitad del siglo XIX. Por su iconografía que alude a la diosa de la Victoria Niké y por su lugar de origen, es que adquiere su peculiar nombre. Como muchas piezas de procedencia griega, la VS fue extraída de su lugar de origen y llegó al Museo de Louvre en París, donde ocupa un espacio protagónico en el descanso de una escalera monumental. La antiquísima y colosal pieza de casi tres metros de altura y más de 2000 kg que se encuentra ubicada en ese lugar ha pasado a ser una de las imágenes más reconocibles de la cultura occidental, reproducida en diferentes medios (incluso en figuras de papel o de cera, o con bloques LEGO). Con todo, uno de los medios de reproducción que más ayudó a acrecentar su fama fue el de los calcos de yeso, los cuales se empezaron a fabricar al poco tiempo de su descubrimiento.

En el nombre del libro La victoria de las copias se prefigura el juego metafórico que la autora traza con su objeto de estudio. Gallipoli relata de una mejor manera dicha historia, pues de esa obra y su carácter canónico se desprende su tesis rectora. A través de un hábil entretejido argumental presenta una investigación estructurada en cuatro capítulos. El primero llamado de original a copias, el segundo de copias a mercancías, el tercero de mercancías a objeto de exhibición y el último de objetos de exhibición… ¿al depósito? Ya desde los títulos, cada uno de los capítulos nos anuncian el abordaje y el tránsito que los calcos tuvieron. La autora presenta en esos cuatro núcleos problemas esenciales relacionados con la transfiguración en obra maestra de la VS, la circulación de las copias, su condición mercantil y su carácter como objetos museales de exhibición.

El libro también es revelador en su subtítulo: “Calcos y canon entre el Louvre y América (1863-1945), pues permite vislumbrar el objeto del libro, pero también la temporalidad y la geografía en la que se posicionan los casos de estudio. El Museo del Louvre es el epicentro rector y la circulación de las copias hacia América, particularmente en las ciudades de Nueva York, Buenos Aires, Montevideo y Santiago de Chile. Más allá de que los calcos escultóricos fueran un premio de consolación o el llenado de un hueco frente a la ausencia de originales en espacios como museos y academias artísticas de América, la autora explica que fueron un dispositivo relacionado con la consolidación de un prestigio.

Al igual que los calcos del siglo XIX, el libro de Gallipoli también emprendió una travesía y, gracias a las facilidades que ofrece la movilidad de objetos en el mundo contemporáneo, llegó físicamente a mis manos desde Buenos Aires hasta la Ciudad de México. Leerlo desde esta geografía americana hizo inevitable establecer paralelismos con la propia historia local de circulación de los calcos, los cuales en México no reciben esa denominación y, curiosamente, son conocidos como vaciados. En esencia, los calcos —o vaciados— son reproducciones en yeso obtenidas a partir de un molde tomado del original. Mi ejercicio comparativo abarcó desde aspectos técnico-materiales hasta interrogantes relacionadas con su producción y circulación, así como con su papel como objetos que contribuyeron a la formación del gusto artístico y que debieron abrirse paso para encontrar un lugar dentro de las narrativas nacionales del arte. Y como en otras ciudades, los vaciados de la Ciudad de México también han tenido que luchar por salvarse del olvido.

Así pues, no me resta más que afirmar que la pluma ágil de Gallipoli reivindica el lugar de los calcos, que en diversas latitudes de América fueron relegados al infortunio de la incomprensión y condenados a ocupar bodegas y depósitos. Y digo que lo reivindica, porque nos permite comprender que estas piezas fueron fundamentales para la construcción y difusión de un canon artístico. La joven investigadora actualiza un tema aparentemente poco atractivo, pero que ella destapa como revelador, a través de preguntas en un voraz y veloz presente. Nos explica cómo esas copias, olvidadas prácticamente durante todo el siglo XX, fueron auténticos best sellers de su época. Y citando una de las tantas frases atractivas de su libro, demuestra que “los yesos no cayeron sin antes dar batalla”.