Mario Cámara

Roberto Jacoby. Un arte al alcance de la mano

Beatriz Viterbo, 2025, 156 páginas, ISBN 9789508454683

Martín VillagarcíaUniversidad Nacional de la Plata / Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina

Compartir

> autores

Martín Villagarcía

orcid logo 0000-0003-2391-8300

Icono Correo electrónico, sobre, mail, mensaje en User Interface martinvillagarcia@gmail.com

Licenciado y Profesor en Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Actualmente desarrolla su tesis doctoral sobre el Archivo Puig en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) con una beca inicial de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+I), una beca de finalización del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas (CONICET) y una beca Eramus+ para hacer una estancia de investigación doctoral en la Universidad de Bielefeld, Alemania. Se desempeña como docente e investigador en la Universidad Nacional de San Martín, la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de La Plata. Publicó los libros La gira (De Parado, 2012), Éxtasis (Eloisa Cartonera, 2014), XXX (Saraza, 2019), Nunca nunca nunca quisiera volver a casa (De Parado, 2021), y Lame Lima (Lluvia Dorada, 2023).





Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

> como citar este artículo

Martín Villagarcía; “Mario Cámara, Roberto Jacoby. Un arte al alcance de la mano, Beatriz Viterbo, 2025, 156 páginas, ISBN 9789508454683”. En caiana. Revista de Historia del Arte y Cultura Visual del Centro Argentino de Investigadores de Arte (CAIA). N° 27 | Primer semestre 2026, 113-116.

Roberto Jacoby. Un arte al alcance de la mano de Mario Cámara se suma a la colección Estéticas de la editorial rosarina Beatriz Viterbo, inaugurada en 2023 por los volúmenes Los agentes dobles de Marzos Zangrandi y La prueba del presente de Florencia Montalbán, y que agrupa también los libros El ansia de Susana Stewart, Berni. Entre el surrealismo y Siqueiros de Guillermo Fantoni, y Fervor de las vanguardias de Jorge Schwartz. Se trata de una nueva zambullida archivística de Cámara, tras la publicación de El archivo como gesto. Tres recorridos en torno a la modernidad brasileña en 2022. Enfocado en la figura del artista argentino Roberto Jacoby e ilustrado por imágenes provenientes de su flamante archivo, el libro de Cámara hace un aporte fundamental al ya clásico libro-catálogo colectivo El deseo nace del derrumbe a cargo de Ana Longoni y publicado en 2011. Dejando de lado (pero nunca atrás) los años más estudiados y recordados de Jacoby, vinculados a la vanguardia argentina de los años ’60, el libro de Cámara recoge el guante desde la democracia hasta la actualidad, el momento en que regresa al arte tras la radicalización que caracterizó la escalada de violencia política de los ’70. Camuflado tras una serie de prejuicios que estigmatizaron el arte de la posdemocracia, el trabajo de Cámara revela que el compromiso de Jacoby nunca dejó de suceder y despliega un estudio que toma como puntos nodales su experiencia como letrista de la banda platense Virus en los años ’80, el ascenso y caída del Proyecto Venus y sus irradiaciones moleculares y sus exploraciones de la dialéctica arte/política bajo la óptica de la violencia en la sociabilidad virtual del siglo XXI, coronando este recorrido con una última parada en la inigualable experiencia de Fabulous Nobodies, la dupla formada por Jacoby y Kiwi Sainz que activó en la Argentina una de las pocas militancias contra la pandemia del sida y sus destructivos efectos en la sociedad.

En la introducción, Cámara explica la motivación del libro como una respuesta a la usual monumentalización de la obra que Jacoby desarrolla como artista de vanguardia de los años ’60, una serie de actos que van del Di Tella a Tucumán Arde –como el invaluable libro de Longoni del 2000–, pasando por el Grupo de Arte de los Medios y el Grupo de Vanguardia de Rosario, que suele ser punto de llegada y salida de los estudios sobre su trayectoria. Desde la óptica de Cámara, “su trayectoria sesentista suele poner en segundo plano lo realizado desde fines de los años ’70, cuando Jacoby regresa al mundo del arte como letrista del grupo Virus” (p. 13). Muchas veces leído como una etapa aislada de su recorrido, Cámara no busca dejar atrás importantes aportes como la instalación “Mensaje”, presentada en las Experiencias ’68 del Di Tella, donde un teletipo conectado a una agencia de noticias trasmitió en vivo los eventos del Mayo Francés. Por el contrario, el libro se propone integrar la radicalidad de experiencias como esas a su trabajo posterior, aquella que Cámara denomina su “segunda etapa”: el “regreso” al arte y la lucidez con que siguió integrando órdenes aparentemente disímiles en el umbral del neoliberalismo, desde una mirada humorística e irónica con respecto a cualquier intento de mistificación de ese pasado.

En su libro, Cámara detecta tres líneas de fuerza en la producción de Jacoby de los últimos 40 años que organizan los tres capítulos del libro, a las cuales llama “zonas”, un concepto que suspende cualquier ilusión teleológica y permite estudiar la obra de Jacoby no como periodos que empiezan y terminan, sino como núcleos de trabajo que muchas veces se superponen y se movilizan en distintas direcciones espaciales y temporales.

La primera zona, denominada “Islas urbanas”, se traza desde su colaboración con Virus hasta Proyecto Venus y abarca un periodo de trabajo que se extiende a lo largo de treinta años. En un primer momento, Cámara asocia el concepto de “isla urbana” con el espacio de los recitales durante la última dictadura militar, lugar de encuentro y peligro cultivado por bandas como Virus. En la sociedad que forman Federico Moura, su líder y cantante, y Jacoby, letrista de varios de sus álbumes, Cámara detecta primero una ética vitalista “como forma de alentar la alegría, la vitalidad y el baile” (p. 26) y luego, “una nueva modulación queer con múltiples voces” (p. 26) (Gumier Maier, Batato Barea y Perlongher), que da lugar a una poética de la ensoñación. En un segundo momento, la “isla urbana” se traslada al “arte de la conversación en red”, que va del proyecto Internos (1985), un newsletter imaginado para ampliar los círculos de confianza intelectual y estimular contactos, hasta Proyecto Venus (2001-2006), “un espacio de creación en red como forma de conjurar los riesgos del sectarismo y la homogeneidad” (p. 60).

La segunda zona lleva por nombre “El mundo según Jacoby” y se corresponde “tanto con sus modos de leer el presente como con sus revisiones del pasado sesentista desde el cual proviene” (p. 16). A pesar de haberse mantenido activo hasta la actualidad, como muchos otros artistas que cobraron notoriedad tras su paso por el Di Tella, Jacoby quedó cristalizado como una pieza del museo imaginario que es “la manzana loca” y el circuito artístico argentino de los ‘60. Contra esa fuerza estática, en sus revisiones del pasado, Jacoby construye “una relación de reescritura crítica y de relectura creativa […] que apunta a desmonumentalizar […] y releer por los bordes” (p. 88).

Por último, la tercera zona lleva el nombre “Testers de violencia” y empieza a configurarse con el proyecto Yo tengo sida (1994), en colaboración con Kiwi Sainz bajo el nombre Fabulous Nobodies, una respuesta temprana y aislada a la estigmatización de las personas portadoras de VIH en los primeros años de la pandemia del Sida. Según Cámara, esta zona se consolida con el gobierno de Néstor Kirchner y se abre a los nuevos usos que se les dio a las comunicaciones a través de internet con la irrupción de las redes sociales y la instalación virtual de los discursos de odio: “se trata de confrontar, pero también testear y registrar la violencia de nuevas corrientes afectivas fundadas en el prejuicio, el estigma, el odio y el resentimiento” (p. 19). Esta zona incluye el colapso de Proyecto Venus en 2006 como señal de un cambio en el entorno virtual que marca el paso de las perspectivas utópicas de la web de los 90 al “imperio del algoritmo” (p. 109), que convirtió las redes en un espacio de auto-exposición y combate.

El “Jacoby de Cámara”, como lo llama Luis Ignacio García en la contratapa, ofrece una perspectiva sagaz para pensar la obra de uno de nuestros artistas contemporáneos más atentos al devenir histórico de la palabra – desde el legendario “Mensaje” captado en las Experiencias 68 del Di Tella, hasta los “diarios del odio” en los que seguimos atrapados –y el efecto en nuestros cuerpos de la política del baile y la alegría.