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María Lía Munilla Lacasa

Celebrar y gobernar. Un estudio de las fiestas cívicas en Buenos Aires 1810-1835

Buenos Aires, Miño y Dávila, 2013. 295 páginas.

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> autores

Laura Malosetti Costa

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Doctora en Historia del Arte (UBA), Académica de Número de la Academia Nacional de Bellas Artes de la Argentina, Investigadora Principal del Consejo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICET). Decana del Instituto de Artes Mauricio Kagel y del Instituto de Investigaciones sobre el Patrimonio Cultural (IIPC-TAREA) de la Universidad Nacional de San Martín.





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Malosetti Costa, Laura.; “María Lía Munilla Lacasa, Celebrar y gobernar. Un estudio de las fiestas cívicas en Buenos Aires 1810 1835, Buenos Aires, Miño y Dávila, 2013, 295
páginas.”En caiana. Revista de Historia del Arte y Cultura Visual del Centro Argentino de Investigadores de Arte (CAIA). No 5 | Segundo semestre 2014, 166-168.

Este libro de Lía Munilla Lacasa introduce un tema novedoso tanto para la historiografía como para la historia del arte en la Argentina: el arte efímero y el lugar de las fiestas en la construcción de un imaginario primero revolucionario y cívico, luego nacional. La autora construye un importante corpus de fuentes documentales diversas para analizar un objeto casi inasible para la historia del arte por su naturaleza efímera: la parafernalia simbólica que fue asumida y discutida en los primeros años de vida independiente y su rol en la construcción de identidades colectivas. En este sentido, se apoya en notables antecedentes en otros ámbitos, como los trabajos de David Dowd, James Leith, Mona Ozouf y Maurice Agulhon acerca de las fiestas de la Revolución Francesa,  los aportes de José Emilio Burucúa y Natalia Majluf para el análisis de la dimensión simbólica en la emancipación sudamericana, o los de Jaime Cuadriello, Esther Acevedo y Fausto Ramírez en México, entre otros.

El concepto de cultura visual ha ampliado los alcances de la historia del arte introduciendo problemas ya no referidos a sus objetos tradicionales sino a la circulación social de las imágenes y sus interacciones con los más diversos ámbitos del devenir histórico, en este caso particular con la historia política del proceso de emancipación en la antigua capital del Virreinato del Río de la Plata. Se trata de un objeto, por otra parte, largamente soslayado por la historiografía política argentina, aunque en su clásico Revolución y Guerra Tulio Halperín Donghi ya hiciera un breve pero decisivo señalamiento en este sentido, y autores como Juan Carlos Garavaglia y Henry Vogel abordaron el asunto destacando la importancia política de las fiestas revolucionarias, en tanto Jorge Myers y Lilia Ana Bertoni han hecho importantes aportes en este sentido referidos a períodos más tardíos de la historia nacional. La pedagogía de las imágenes en las fiestas cívicas, el rol de los artefactos visuales como parte del entramado histórico, un asunto crucial en sociedades escasamente alfabetizadas, requería una aproximación específica atenta a sus aspectos formales y a los significados específicos de tales despliegues simbólicos. Uno de los sesgos más originales del libro consiste en el análisis de las fiestas no sólo como lugar de escenificación de la política sino también como lugar de placer  y esparcimiento popular. En este sentido cabe destacar  el detenimiento que ha puesto la autora en la consideración de los aspectos formales de esas celebraciones, en la recuperación de los nombres de algunos artistas, la reflexión acerca de la eficacia de algunos símbolos y  la descripción de los mecanismos de su creación. El libro de Munilla repone el trabajo de los artesanos que fueron contratados para crear esas ornamentaciones e incluye un índice de artesanos y un cuadro de sus actividades.

La inestabilidad simbólica, los largos procesos de conformación de íconos y lugares de memoria como la Plaza de Mayo y su pirámide, sus modificaciones y transformaciones, pero también la extrañeza del carácter de las celebraciones inmediatamente posteriores al levantamiento de 1810, constituyen el aspecto más impactante del libro. Aun cuando ya sepamos, a partir de las investigaciones de Juan Carlos Chiaramonte y otros, que la idea de nación fue de construcción lenta y bastante más tardía, este libro pone de relieve la inestabilidad de símbolos que parecen eternos. Munilla estudia las negociaciones de sentido, los cambios en esas configuraciones simbólicas, las  discusiones acerca de sus alcances y posibilidades. Por ejemplo: Juan Manuel Beruti describe que en las fiestas mayas  de 1813 por primera vez no se izó la bandera española en el fuerte pero tampoco se izó la bandera argentina. Y opina: “creo que interín la nuestra no se coloque, no volverá a enarbolarse mas la española.” La bandera nacional no flameó en el Fuerte hasta 1815 y solo en 1816 el Congreso de Tucumán la oficializó como distintivo de las Provincias Unidas del Rio de la Plata.

La intervención del pueblo en esos procesos, por otra parte, es un dato insoslayable. Un ejemplo elocuente de esto surge también del análisis de las fiestas mayas de 1813, que incluyeron una función teatral del Julio César de Shakespeare con la intención de vincular simbólicamente la historia del Río de la Plata con la de Roma, a la cual los miembros del municipio asistieron con gorros frigios en lugar de sombrero de copa como “símbolo de la libertad”,  actitud  que inmediatamente fue adoptada por el público. En esos días hombres y mujeres vistieron gorros frigios que se impusieron como símbolo republicano. La autora pone en escena aquellas actitudes que desbordaban lo previsto, el entusiasmo popular por un símbolo lo ubicaba de inmediato en un lugar diferente.

El libro comienza con un análisis  de las fiestas en la época colonial: cómo se celebró por ejemplo, la coronación de Carlos III, y  sigue el hilo de la paulatina transformación en un evento cívico de fiestas que en su origen tuvieron un carácter fundamentalmente religioso y militar. Y concluye analizando cómo, en la medida en que se produce una importante concentración de poder durante los gobiernos de  Bernardino Rivadavia primero y luego de Juan Manuel de Rosas, ese carácter cívico de las fiestas se reconduce a la glorificación del líder.

Pero no todas las fuentes analizadas por la autora son textuales. El descubrimiento del archivo del arquitecto italiano Carlo Zucchi fue una revelación, porque posibilitó ver lo que había sido descripto en las fuentes, los bocetos, los dibujos de decoraciones de la Plaza de Mayo, carros triunfales, motivos alegóricos. Zucchi había sido un reconocido grabador y escenógrafo formado tal vez en Paris o en Milán que llegó a Montevideo en 1826 y a Buenos Aires en 1827. Se fue en 1836 por desavenencias con Rosas y murió en Reggio Emilia, su  ciudad natal, en 1849. Se había llevado consigo todo su archivo personal más los dibujos de otros arquitectos ingenieros que trabajaron entonces en el Rio de la Plata. El archivo permaneció inaccesible por más de cien años y fue redescubierto hace pocos años por las autoridades de Reggio Emilia.

Como director del Departamento de Ingenieros Arquitectos Zucchi diseñó estrategias propagandísticas para consolidar la concentración de poder de Juan Manuel de Rosas, transformando paulatinamente las fiestas cívicas en fiestas de homenaje casi exclusivo al gobernador. No logró en Buenos Aires concretar ninguno de sus proyectos arquitectónicos pero hizo innumerables decoraciones efímeras para fiestas conmemorativas, propuestas para columnatas en la Plaza de Mayo, catafalcos funerarios, soportes para fuegos artificiales, etc. Su archivo constituye el primer corpus iconográfico de aquellas arquitecturas efímeras.

El libro de Lía Munilla aporta también un importante apéndice documental que incluye programas oficiales de las fiestas mayas en los que se pueden leer detalladas descripciones de esas fiestas y programas de iluminaciones, representaciones teatrales, y decoraciones efímeras. Repone una vinculación entre la historia del arte y la historia que va más allá de los objetos altamente valorados que llamamos “arte” para entrar en el análisis de las artes efímeras, la decoración de la ciudad y los programas iconográficos de las fiestas como lugares de convocatoria popular, de formación de consensos, de batallas simbólicas y escenificación de conflictos en un periodo sumamente inestable. Se trata de una investigación que construye una historia compleja a partir de pequeñas huellas: evoca una manera de vivir el espacio público, un momento del gusto popular y de la sensibilidad colectiva muy distantes del nuestro, de una manera rigurosa y a la vez  vívida y elocuente.